Queratitis felina
Otros nombres: Inflamación corneal
Sistema
sensorial
Severidad
moderada
Contagiosa
No
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- opacidad corneal
- epífora
- blefarospasmo
- fotofobia
¿Qué es?
La queratitis felina es la inflamación de la córnea, la capa transparente que cubre la parte frontal del ojo. Puede tener muchas causas: infecciones (especialmente por herpesvirus felino), traumatismos, cuerpos extraños, problemas de los párpados o de la película lagrimal, e incluso enfermedades inmunomediadas.
Una córnea inflamada pierde transparencia, lo que afecta a la visión y al confort del gato. Es uno de los problemas oftalmológicos más frecuentes en la consulta felina.
Cómo se manifiesta
Los signos típicos son lagrimeo continuo, parpadeo excesivo o párpado entrecerrado por la molestia (blefarospasmo), aversión a la luz, opacidad o cambio de aspecto de la córnea, y a veces enrojecimiento de la membrana visible en el ángulo interno del ojo (tercer párpado). El gato puede frotarse el ojo con la pata o contra los muebles.
Cualquier ojo entrecerrado de forma persistente o con lagrimeo abundante merece valoración veterinaria sin demora.
Diagnóstico y atención
El veterinario explora el ojo con lámpara y, según el caso, tinción con fluoresceína (para detectar úlceras), medición de la presión intraocular y, en casos complicados, técnicas adicionales. El tratamiento se ajusta a la causa y siempre lo prescribe el veterinario. Acude sin demora si el ojo está muy cerrado, hay secreción abundante o el gato muestra dolor evidente.
Prevención
Vacunación correcta frente al herpesvirus felino, evitar irritantes ambientales (humo, aerosoles) cerca del gato, revisar conjuntivas y córneas periódicamente en gatos predispuestos.
Razas con mayor incidencia
No hay predisposición racial específica, aunque las razas braquicefálicas (cara aplanada) tienen mayor riesgo por la mayor exposición de la córnea.
Tras la enfermedad
La mayoría de los casos responden bien al tratamiento si se inicia pronto. Los casos por herpesvirus pueden tener recurrencias en momentos de estrés o inmunosupresión; el seguimiento veterinario regular ayuda a manejarlas.