Otitis externa felina
Otros nombres: Inflamación del oído externo
Sistema
sensorial
Severidad
leve
Contagiosa
No
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- sacudidas de cabeza
- rascado de orejas
- mal olor del oído
- secreción negruzca o purulenta
- enrojecimiento del conducto
¿Qué es?
La otitis externa felina es la inflamación del conducto auditivo externo del gato. En gatos es menos frecuente que en perros pero también ocurre, especialmente asociada a la presencia de ácaros (Otodectes cynotis), a infecciones bacterianas o fúngicas, a cuerpos extraños o a procesos alérgicos.
La anatomía auditiva del gato (conducto curvado en L) hace que algunos procesos puedan progresar al oído medio si no se atajan a tiempo.
Cómo se manifiesta
Sacudidas frecuentes de cabeza, rascado intenso de la oreja con la pata trasera, ladeo de la cabeza hacia el lado afectado, secreción en el conducto (negruzca y arenosa en infestación por ácaros, marrón-amarillenta y de mal olor en infecciones bacterianas), enrojecimiento visible al levantar la oreja, dolor al manipular la zona.
En casos crónicos sin tratamiento pueden aparecer hematomas en el pabellón auricular por sacudidas repetidas.
Diagnóstico y atención
La exploración otoscópica revela el estado del conducto. Citología del exudado y, en casos seleccionados, cultivo identifican el agente causal.
El tratamiento depende de la causa: limpieza del conducto, tratamiento específico contra ácaros, antibiótico tópico en bacterianas, antifúngico en fúngicas. El plan completo lo prescribe el veterinario; algunos preparados son potencialmente ototóxicos en presencia de perforación timpánica, por lo que la elección del tratamiento es importante.
Prevención
Revisar las orejas regularmente (visualmente y por olor) durante el aseo rutinario. No introducir bastoncillos ni objetos en el conducto. En gatos con acceso al exterior o contacto con otros gatos, el control antiparasitario externo periódico previene la infestación por ácaros.
Tras la enfermedad
Las otitis simples suelen resolver en 1-3 semanas con tratamiento adecuado. Las formas crónicas o recurrentes requieren identificar la causa subyacente (alergia, anatomía individual, infecciones persistentes) y un manejo a largo plazo. El seguimiento veterinario es importante si los signos persisten o recurren.