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Enfermedad

Lipidosis hepática felina

Otros nombres: Hígado graso felino, Lipidosis hepática idiopática

Lipidosis hepática felina
Imagen: Wikimedia Commons · Wikimedia Commons — CC BY 2.0

Sistema

digestivo

Severidad

crítica

Contagiosa

No

Edad típica

adulto

Síntomas principales

  • pérdida total del apetito mantenida
  • ictericia
  • vómitos
  • deshidratación marcada
  • debilidad progresiva

¿Qué es?

La lipidosis hepática felina (hígado graso) es una enfermedad grave característica de los gatos. Aparece cuando un gato deja de comer durante varios días (anorexia mantenida) y el organismo, al movilizar las reservas grasas, no procesa correctamente esa grasa en el hígado, que se llena de lípidos y deja de funcionar adecuadamente.

A diferencia de otras especies, los gatos son particularmente vulnerables a esta enfermedad. Cualquier causa de anorexia prolongada en un gato (especialmente si tiene sobrepeso) puede desencadenarla: estrés, cambio de hogar, enfermedad subyacente, pancreatitis, viajes, dieta nueva rechazada.

Cómo se manifiesta

Los signos clásicos son pérdida total del apetito mantenida durante días, pérdida marcada y rápida de peso, ictericia (mucosas y zonas blancas del ojo amarillentas), vómitos, deshidratación, debilidad progresiva, hipersalivación. En fases avanzadas puede aparecer encefalopatía hepática con signos neurológicos.

Es una urgencia veterinaria: sin tratamiento puede ser mortal en pocos días.

Diagnóstico y atención

El diagnóstico se basa en clínica, análisis de sangre (elevación marcada de enzimas hepáticas, bilirrubina alta), ecografía abdominal (hígado aumentado y de aspecto característico) y, cuando es necesario, citología o biopsia hepática.

El tratamiento es intensivo y lo dirige siempre el veterinario. Las medidas centrales son la realimentación forzada (a menudo mediante sonda esofágica o nasoesofágica durante semanas), corrección de la deshidratación, manejo del desequilibrio electrolítico y tratamiento de la causa subyacente.

Prevención

El factor de riesgo principal es la obesidad: los gatos con sobrepeso son mucho más vulnerables. Mantener un peso saludable es la principal medida preventiva. Cuando un gato deje de comer, no esperar más de 48-72 horas sin consultar al veterinario, especialmente si tiene sobrepeso o ha habido un cambio reciente en su entorno o dieta.

Tras la enfermedad

Con tratamiento intensivo iniciado a tiempo, el pronóstico es bueno (supervivencia superior al 80%). El tratamiento puede requerir semanas de realimentación asistida con sonda, durante las cuales el tutor administra el alimento líquido en casa siguiendo las indicaciones veterinarias. Una vez resuelta, el seguimiento es similar al de un gato sano si la causa subyacente se ha controlado.