Leucemia felina (FeLV)
Otros nombres: FeLV, Leucemia viral felina

Sistema
infeccioso
Severidad
grave
Contagiosa
Sí
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- pérdida de peso
- anemia
- infecciones recurrentes
- linfadenopatía
- decaimiento progresivo
¿Qué es?
La leucemia felina (FeLV) es una infección por un retrovirus específico de los gatos que afecta principalmente al sistema inmunitario y la médula ósea. No tiene relación con la leucemia humana: el nombre proviene del hallazgo clásico de tumores hematopoyéticos en algunos animales infectados. El virus puede inducir inmunosupresión severa, anemia y diversos tipos de neoplasias.
La transmisión se produce por contacto directo prolongado entre gatos: saliva (acicalado mutuo, cuencos compartidos), mordeduras, transmisión vertical de madre a gatitos.
Cómo se manifiesta
La infección puede evolucionar de varias formas: algunos gatos eliminan el virus tras la exposición inicial, otros lo mantienen latente sin signos clínicos, y otros desarrollan la forma progresiva (la más grave). En los casos progresivos aparecen pérdida de peso, anemia, infecciones recurrentes oportunistas, ganglios inflamados, fiebre intermitente y, en estadios avanzados, tumores (linfomas).
El curso de la enfermedad puede ser muy variable: desde meses hasta varios años con tratamiento de soporte.
Diagnóstico y atención
El diagnóstico se realiza mediante test rápido en sangre y se confirma con PCR si es necesario. Una vez confirmado, el manejo se centra en evitar complicaciones: prevención de infecciones oportunistas, vacunación cuidadosa del resto del calendario, nutrición adecuada y revisiones veterinarias periódicas. No existe tratamiento curativo, pero el manejo de soporte puede prolongar significativamente la calidad de vida.
Prevención
Existe vacuna específica frente al FeLV, recomendada en gatos con riesgo de exposición (acceso al exterior, convivencia con otros gatos). El test serológico antes de introducir un gato nuevo en un hogar con varios felinos es una práctica fundamental. La esterilización reduce las peleas territoriales por las que se produce la transmisión por mordedura.
Tras la enfermedad
Los gatos diagnosticados como portadores progresivos requieren un estilo de vida adaptado: estricto interior, sin contacto con otros gatos no infectados, revisiones cada 4-6 meses, dieta de calidad. Con buen manejo, muchos viven varios años con calidad. La esperanza de vida media en infecciones progresivas se sitúa en torno a 2-3 años desde el diagnóstico, aunque hay gatos que superan los 5-7 años.