Displasia de cadera en gatos
Otros nombres: Displasia coxofemoral felina
Sistema
musculoesqueletico
Severidad
moderada
Contagiosa
No
Edad típica
adulto
Síntomas principales
- cojera intermitente
- rigidez tras descanso
- dificultad para saltar
- marcha alterada
- atrofia muscular del tren posterior
¿Qué es?
La displasia de cadera felina es una alteración del desarrollo de la articulación coxofemoral en la que la cabeza del fémur no encaja correctamente en la cavidad acetabular. Es bastante menos frecuente y suele dar menos sintomatología que en el perro, pero está documentada en algunas razas grandes y semilargas.
Tiene componente hereditario claro pero también influyen factores como el peso corporal, el tipo de ejercicio durante el crecimiento y la nutrición.
Cómo se manifiesta
Muchos gatos con displasia leve a moderada no muestran signos clínicos durante años. Cuando aparecen, los más típicos son cojera intermitente que empeora tras descanso, rigidez al levantarse, dificultad o reticencia a saltar a alturas que antes salvaba sin problema, marcha alterada o “de conejo” y atrofia muscular del tren posterior en casos avanzados.
A menudo se confunde con “pereza” o “hacerse viejo” cuando en realidad refleja dolor articular crónico.
Diagnóstico y atención
La radiografía de caderas (a veces con sedación para posicionamiento correcto) es la prueba de referencia. Permite clasificar la gravedad y planificar el manejo.
El tratamiento se adapta al grado de afectación y lo dirige el veterinario. Las opciones incluyen control del peso, ejercicio adaptado (de bajo impacto), manejo del dolor articular, suplementos condroprotectores y, en casos graves, cirugía (ostectomía de la cabeza femoral o, raramente en gatos, prótesis).
Razas con mayor incidencia
Maine Coon, Bosque de Noruega y Chartreux tienen prevalencia documentada superior a la media. En Maine Coon existen programas oficiales de cribado radiográfico.
Prevención
En líneas de cría responsables, cribado radiográfico de los reproductores. En gatitos de razas predispuestas, mantener un peso saludable durante el crecimiento (no “poner gordos” a los gatitos), proporcionar superficies estables (alfombras en suelos resbaladizos), evitar saltos de altura excesiva y promover ejercicio regular y moderado.
Tras la enfermedad
Con manejo adecuado, la mayoría de gatos con displasia mantiene buena calidad de vida durante años. El seguimiento veterinario periódico permite ajustar el plan terapéutico según la evolución.