¿Hay que asegurar al gato? El seguro obligatorio es para perros, pero hay matices
· Equipo GatoNova
La Ley de Bienestar Animal plantea el seguro de responsabilidad civil obligatorio para perros, no para gatos. Te explicamos por qué, qué pasa si convives con ambos y cuándo a un gato le conviene un seguro.
Con el revuelo del seguro obligatorio de la Ley de Bienestar Animal, muchos tutores de gatos se preguntan si también tienen que contratar uno. La respuesta corta tranquiliza: la obligación de seguro de responsabilidad civil que plantea la ley está pensada para los perros, no para los gatos.
Por qué los gatos quedan fuera
La lógica es de probabilidad de daño a terceros. Un perro suelto puede morder, derribar a alguien o provocar un accidente de tráfico; el riesgo es real y a veces caro. Un gato, por su forma de moverse y de relacionarse, rara vez causa ese tipo de daño a personas ajenas. Por eso el legislador no le exige el seguro de responsabilidad civil que sí contempla para los perros.
Conviene además no confundir dos cosas distintas. El seguro de responsabilidad civil cubre el daño a terceros. El seguro veterinario o de salud cubre los gastos de tu propio animal. Son productos diferentes, y ninguno de los dos es obligatorio para un gato.
El matiz si convives con perro y gato
Si en casa hay perro, la atención va al perro: para los potencialmente peligrosos el seguro de responsabilidad civil ya es obligatorio, y para el resto la ley plantea esa obligación, pendiente aún de desarrollo. El gato no entra en esa cuenta. Pero ojo: muchas pólizas de hogar o de mascotas se contratan por animal, así que revisa qué cubre exactamente la tuya si tienes varios.
¿Le conviene un seguro a tu gato?
Obligatorio no, pero un seguro de salud felino puede tener sentido, sobre todo de cara a la vejez: los gatos son propensos a problemas renales, dentales y a tratamientos crónicos que se alargan años. No es para todo el mundo, depende de tu situación. Lo que sí recomendamos a todos es tener un pequeño fondo reservado para imprevistos veterinarios: una obstrucción urinaria o una analítica completa se llevan por delante varios cientos de euros sin avisar.